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Salud, también para su declaración de la renta

Los seguros de salud gozan de un tratamiento fiscal interesante, tanto para empresas como para particulares.

Para los trabajadores por cuenta propia, tanto autónomos como profesionales liberales, los primeros 500,00 € de su póliza de salud son considerados gastos deducibles. Este beneficio fiscal es extensible a su cónyuge e hijos menores de 25 años.

Para los trabajadores por cuenta ajena, no existe esa posibilidad. Las pólizas contratada por estos tanto para si mismos como para su familia no gozan de ningún incentivo fiscal. Otra cosa es cuando su seguro de salud es sufragado por la empresa en la que labora. En este caso, los primeros 500,00 € estarán exentos (por lo que no sólo no gravan sino que tampoco incrementan la base imponible), el resto -si lo hubiera- se consideraría retribución es especie.

Finalmente, para las empresas, los pagos realizados en concepto de seguros de salud a favor de sus empleados se consideran gasto deducible al 100,00 % del Impuesto de Sociedades.

Pongamos un ejemplo: consideramos una S.L. con cinco empleados que contrata una póliza de salud para todos ellos. Supongamos que los importes anuales de estas pólizas representen un gasto de 450, 500, 550, 600 y 650 € respectivamente. Los primeros dos asalariados no verían afectada su declaración de la renta al ser considerado exento este ingreso indirecto, los otros tres tendrían que declarar ingresos en especie por 50, 100 y 150 € respectivamente. La empresa declararía 2.750 € de gastos deducibles.

Supongamos también que la administradora de la empresa (que trabaja bajo la figura de autónomo) decide contratar para ella misma, su esposo y sus dos hijos una póliza de salud familiar por la que paga 2.600 € (820, 950, 450 y 380 € respectivamente). En este caso, al tratarse de una póliza conjunta, la deducción a aplicar será de 2.000 € (4 x 500) y no de 1.830 si se sumaran como pólizas independientes.

¡A su salud!

Salud, dinero y amor son los tres pilares en los que, para algunos, se sustenta la felicidad o, al menos, un cierto tipo de tranquilidad vital.

Con el amor, poco podemos hacer desde el mundo de los seguros -al menos por ahora :).

Sin embargo, las diferentes empresas del sector poseen instrumentos para ayudarnos, si más no, con los otros dos elementos. Hoy en particular me gustaría hacer un par de comentarios al respecto de los seguros de salud.

Al igual que en el caso de jubilación, el gobierno, a través del sistema público de la Seguridad Social, presta un servicio básico de cobertura sanitaria. De la misma manera que en las pensiones de retiro, estas prestaciones permiten mantener una situación en general aceptable frente a riesgos críticos a la salud, tanto personal como colectiva.

Sin embargo - y aquí no se trata de sacar sangre con la sanidad pública - de todos son conocidas las deficiencias de este sistema sanitario. Básicamente, la escasez (o al menos subdimensionamiento) de medios en atención primaria y hospitalaria revierten en una lentitud de respuesta -cuanto menos incómoda cuanto no realmente peligrosa. Lentitud de respuesta que tiene su más alarmante síntoma en las dilatadas listas de espera a las que nos vemos obligados a sufrir para la realización de intervenciones quirúrgicas o pruebas diagnósticas.

Frente a esta circunstancia surge la opción de la sanidad privada.

He de ser justo. Los servicios ofrecidos por la mayoría de nuestras clínicas y muchos consultorios distan mucho de la perfección. Todos, sin duda, conocemos de casos -cuando no verdaderas historias de horror- de errores o desatenciones más o menos graves sufridos en estos servicios. No obstante, hemos de admitir que en general el sistema privado funciona con un elevado nivel. En cualquier caso, funciona con ventajas claras frente a la sanidad pública.

Ahora bien, el problema evidente de la medicina privada es el del elevado coste de esta, sobre todo a la hora de enfrentar la necesidad de someternos a alguna intervención o de ser hospitalizados.

Los seguros de salud (ya veremos en un futuro sus diferentes modalidades) permiten capear entre estas dos tempestades. Sin entrar en detalles: mediante el pago periódico de una cantidad fija de dinero la compañía aseguradora se compromete a resarcir -dentro de unos límites pactados- los gastos médicos del asegurado.

En resumen: un seguro médico, sin ser absolutamente indispensable, representa una importante mejora a las condiciones de vida: permite acceder de forma fácil al sistema de salud privada manteniendo la exposición económica dentro de márgenes predecibles y asequibles.

Si está considerando suscribir un seguro médico he aquí una serie de factores a tener en cuenta:

  • Disponibilidad de médicos y establecimientos hospitalarios adecuados (calidad y cercanía)
  • Coberturas hospitalarias y extrahospitalarias (consultas médicas) adecuadas
  • Coste inicial del seguro y futuro (previsión del incremento de primas)
  • Solvencia de la compañía aseguradora
  • Agilidad en la gestión del servicio

Cada quien tendrá sus diferentes prioridades y, en función de estas características personales, habrá de ponderar estos factores de valoración para decantarse entre las diversas opciones disponibles.

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