Salud, dinero y amor son los tres pilares en los que, para algunos, se sustenta la felicidad o, al menos, un cierto tipo de tranquilidad vital.
Con el amor, poco podemos hacer desde el mundo de los seguros -al menos por ahora :).
Sin embargo, las diferentes empresas del sector poseen instrumentos para ayudarnos, si más no, con los otros dos elementos. Hoy en particular me gustaría hacer un par de comentarios al respecto de los seguros de salud.
Al igual que en el caso de jubilación, el gobierno, a través del sistema público de la Seguridad Social, presta un servicio básico de cobertura sanitaria. De la misma manera que en las pensiones de retiro, estas prestaciones permiten mantener una situación en general aceptable frente a riesgos críticos a la salud, tanto personal como colectiva.
Sin embargo - y aquí no se trata de sacar sangre con la sanidad pública - de todos son conocidas las deficiencias de este sistema sanitario. Básicamente, la escasez (o al menos subdimensionamiento) de medios en atención primaria y hospitalaria revierten en una lentitud de respuesta -cuanto menos incómoda cuanto no realmente peligrosa. Lentitud de respuesta que tiene su más alarmante síntoma en las dilatadas listas de espera a las que nos vemos obligados a sufrir para la realización de intervenciones quirúrgicas o pruebas diagnósticas.
Frente a esta circunstancia surge la opción de la sanidad privada.
He de ser justo. Los servicios ofrecidos por la mayoría de nuestras clínicas y muchos consultorios distan mucho de la perfección. Todos, sin duda, conocemos de casos -cuando no verdaderas historias de horror- de errores o desatenciones más o menos graves sufridos en estos servicios. No obstante, hemos de admitir que en general el sistema privado funciona con un elevado nivel. En cualquier caso, funciona con ventajas claras frente a la sanidad pública.
Ahora bien, el problema evidente de la medicina privada es el del elevado coste de esta, sobre todo a la hora de enfrentar la necesidad de someternos a alguna intervención o de ser hospitalizados.
Los seguros de salud (ya veremos en un futuro sus diferentes modalidades) permiten capear entre estas dos tempestades. Sin entrar en detalles: mediante el pago periódico de una cantidad fija de dinero la compañía aseguradora se compromete a resarcir -dentro de unos límites pactados- los gastos médicos del asegurado.
En resumen: un seguro médico, sin ser absolutamente indispensable, representa una importante mejora a las condiciones de vida: permite acceder de forma fácil al sistema de salud privada manteniendo la exposición económica dentro de márgenes predecibles y asequibles.
Si está considerando suscribir un seguro médico he aquí una serie de factores a tener en cuenta:
Cada quien tendrá sus diferentes prioridades y, en función de estas características personales, habrá de ponderar estos factores de valoración para decantarse entre las diversas opciones disponibles.
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